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La respiración como testimonio de lo cíclico, el movimiento y lo sonoro

¿Dónde encontramos los primeros indicios de periodicidad en la naturaleza? Alguien podría decir que en los ciclos solar y lunar; otra persona podría recordar la lluvia cayendo; otra podría ver en su conciencia las olas estrellándose en alguna roca. Ahora viene a mi mente la respiración.

De la acción de respirar depende nuestra vida. Llenamos nuestros pulmones y luego los vaciamos, con cierta regularidad, en un acto reflejo que sucede mientras nos desenvolvemos en una infinidad de acciones. Veamos cómo se lleva a cabo, a grandes rasgos, esta actividad.

Cuando todo en la respiración es involuntario, la fuerza viene de la atmósfera y el ingreso del aire sucede por diferencia de presión. Según esta observación del fenómeno podemos decir que la respiración es pasiva, ya que los músculos que se expanden y contraen lo hacen como consecuencia de lo que entra o de lo que sale. Podemos notar, ya en esta respiración pasiva, que existe una periodicidad; además es posible observar que si hay un cambio en la intensidad y ritmo del movimiento, es probable que también haya un incremento en la intensidad y ritmo de la respiración, ocurriendo de manera involuntaria una expansión de tejidos por la necesidad de que ingrese más aire.

Ahora bien, quien haya puesto atención a su respiración activa -por ejemplo al meditar-, sobre todo cuando ésta es amplia y profunda, habrá notado que el aire no llena los pulmones en su totalidad por la pura presión atmosférica, sino que hay un movimiento voluntario de diferentes músculos involucrados en la tarea (abdominales, intercostales, diafragma, perineo).

Si has observado tu entorno, proyectando además en tu pensamiento aquello que no puedes ver con tus sentidos externos, habrás notado que todo está en movimiento, y que todo movimiento requiere de un impulso; así mismo, puedes haber notado que todo lo que se mueve suena. Dicho de modo más preciso, todo lo que se mueve genera vibración que puede ser traducida en sonido. Si percibimos que suena el zumbido de una libélula, mediante el pensamiento podemos realizar la hipótesis de que también suena el proceso en que la célula fabrica proteína, por ejemplo, aunque no podamos escucharlo con nuestros oídos, pues relacionamos el fenómeno del roce de un fluido con un cuerpo, tal como ocurre al respirar.

Entonces, contemplando nuestra respiración, y luego pensando sobre ésta, aprendemos que requiere de movimiento. Pero no sólo eso; también advertimos que suena, y que suena como consecuencia del roce del aire con las vías respiratorias, es decir que suena producto del movimiento.

La respiración nace del movimiento, y está también en movimiento. Pero, ¿qué es lo que nos hace percibir el movimiento en la respiración? Diría que la respuesta es “el observar cómo nos modifica muscularmente”, pero necesito agregar “su proceso, su acción, su devenir”. Nos mueve, y al mismo tiempo se mueve a sí misma como fenómeno.

Al ser proceso la respiración está ocurriendo, aunque eventualmente deja de ocurrir, y la ausencia de respiración se relaciona con la muerte. Si estamos de acuerdo en eso, podemos estar de acuerdo en que su presencia se relaciona con la vida. Esta relación es importante para entender que todo lo que vive tiene, entre sus diversas formas de manifestación, el sonido como consecuencia de su ser. El organismo que respira siempre -que se mueve siempre- suena siempre.

Ahora podemos constatar, a partir de una experiencia que nos es tan cercana, que nos relacionamos íntimamente con lo periódico -el ritmo. Podríamos haber hablado de cíclos cósmicos, históricos, menstruales, astrológicos, etc, pero decidí hablar de la respiración porque se trata de un ciclo lo suficientemente breve como para percibirlo en cosa de segundos, sin ser breve al extremo que requiera de una gran concentración para observarlo. Además, aparecieron otros fenómenos relacionados con la respiración y lo cíclico: el sonido y el movimiento, también inherentes a nuestra manifestación en el mundo.

Me tomo de lo último para abrir una puerta: el fenómeno musical parece desplegarse como consecuencia lógica de la manifestación sonora. Lo que ocurre y puedo observar, también lo puedo manipular y hacer ocurrir. Pensemos en esto; la humanidad pasó de la recolección a la agricultura bajo condiciones complejas en donde al menos se deja ver un elemento esencial: aquello que se observaba y tomaba como alimento, antes como pura aparición de la naturaleza, ahora se manipula para que esté más disponible, cambiando la manera en que las siguientes generaciones se relacionan con ese alimento y el entorno. La intención modifica la naturaleza, y la naturaleza modifica a quien la habita.

Entonces el sonido, antes una aparición que en sí misma no era intencionada, ahora puede ser articulado con diversos propósitos -canto ceremonial, juego, goce, vinculación comunitaria, educación, conexión con lo divino, etc.-, convirtiéndose en un fenómeno amplio, complejo, que puede ser observado de manera especializada, tal como otros fenómenos del mundo son estudiados.

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