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Entrega de notas y el extraño fenómeno del orden

Ricardo

Publicado por Ricardo

Todos en nuestra época escolar estuvimos hostigando continuamente a un profesor por las notas de alguna prueba o trabajo, y nos desesperaba un poco cuando nos daba la mala noticia que no las tenía. El ambiente se tensa cuando el profesor nos avisa que ya están listas, sin embargo, en algunos profesores se está dando una forma de entregar las notas: las ordena de forma creciente o decreciente, es decir, ordena las notas desde la más alta hasta la más baja. Esta práctica yo no sé si se hará con la claridad de las consecuencias, porque los efectos que tiene en los estudiantes es gravísimo. Los profesores, al igual que los estudiantes, debemos estar atentos a que se realicen este tipo de situaciones con la mayor consciencia de ambas partes y que se haya reflexionado en torno a ella, o que simplemente se entreguen las notas de manera aleatoria.
 
De partida, Chile se ha visto afectada por una “cultura neoliberal”: El emprendimiento y las riquezas son signos de poder, la competencia por el libre mercado se observa con mucha facilidad y la formulación de leyes, cambios en alguna de ellas o el reformular una ley se ve pensada desde una perspectiva económica (es decir, en vez de preguntarme si esto combatirá la desigualdad en algún sector o si traerá cambios en la opinión de los ciudadanos, se preguntan si será efectivo para generar más dinero), y con ello los ciudadanos comienzan a verse afectado por esta cultura a través de diversas cualidades: comienzan a ser más individuales, egoístas, pre-juiciosos, y aquí es donde quiero detenerme.
 
Cuando un profesor comienza a entregar las pruebas por orden de notas, los estudiantes pueden identificar con mayor claridad y difusión quién obtiene una buena calificación y quien obtiene una mala, porque se evidenció que se haría de esta forma, por lo tanto, los estudiantes comienzan a formar pre-juicios sobre sus propios compañeros, primero de forma individual donde cada uno caracteriza de acuerdo a la nota que pudo saber o deducir del compañero, y mientras más repetida se vea esta situación en otras asignaturas, más atento a los compañeros está, porque comienza a observar variaciones en las notas de sus compañeros: cuando ve que en variadas asignaturas su nota es de las más bajas, piensa que son personas flojas, poco dedicadas, conformistas, irresponsables, mientras que a un compañero que destaca por sus buenas notas lo describen como a una persona esforzada, dedicada, inteligente, inconformista, con harto liderazgo, con mucha imaginación, etc. Parte como un pre-juicio hacia las cualidades de los compañeros, pero luego esto se ve afectado en distintas situaciones tanto en el aula como en el colegio, como por ejemplo para trabajos en grupo: al momento de formar los grupos, los compañeros llaman la atención de uno con otro por sus notas, porque su pre-juicio definen las capacidades para trabajar de manera efectiva y responsable en equipo.
 
Una consecuencia de esto también es la interacción de los estudiantes tanto a nivel aula como a nivel de comunidad, ya que comienza a ser frecuente que los compañeros busquen temas de conversación entre los que están “dentro del nivel académico” de cada uno, aunque con el tiempo esto se va comenzando a romper de a poco por la confianza que genera el estar alrededor de 8 horas por 5 días dentro de la semana, sin embargo, esto se va rompiendo dentro de un ambiente de amistades y no de un ambiente académico, por lo que la confianza estará hasta que la barrera de los pre-juicios que nos provoca las notas se ven intervenidas en actividades en equipo.
Otra de las situaciones que se observan a nivel de comunidad es el cómo los mismos estudiantes y profesores junto con sus pre-juicios dividen en dos grupos posibles de reconocer a los compañeros: los estudiantes malos (y se les llama así porque no tienen buenas calificaciones) y a los de excelencia (que como contrario a los malos, presentan excelentes calificaciones), por lo que la comunidad escolar pareciera reducirse solamente en los estudiantes que pertenecen a uno de estos grupos. Esto genera que la atención como profesor en un aula se enfoque solamente en estos dos grupos para las clases, como por ejemplo, tendrá más puestos los ojos a estudiantes malos para que estén atentos a lo que el profesor explica y no en alguna otra actividad que pudieran hacer, o a preocuparse de que entendieran lo mejor posible los estudiantes de excelencia para que no desvíen sus capacidades en alguna otra cosa.
 
Por otro lado, los profesores también caracterizan a sus estudiantes a medida que van entregando las notas, por lo que la preocupación por un estudiante de otro se ve intervenida por estos factores determinantes como las notas, el que yo haga participar a los estudiantes malos en la clase de Matemática es signo de que siento más preocupación por el que esté al nivel de los estudiantes de excelencia y no por el que todos mejoren en conjunto, o por optar por cambios metodológicos para que todos pudiesen mejorar en sus notas para cuando se vean implementadas nuevas formas de enseñar.
Bien, hemos hablado de los estudiantes “malos” y estudiantes “de excelencia”, pero, ¿Qué pasa con los que están ni en uno ni en otro? ¿Qué están a la mitad? Y aquí viene otro problema: ellos se ven aún más afectados por estos pre-juicios, donde pareciera ser un mundo “aparte” de estos otros dos, son estudiantes que no tienen ni problemas ni mayores aportes, no demuestran capacidades que destaquen su inteligencia ni tampoco llaman la atención por ser una molestia, por lo que los profesores no toman en cuenta a la hora de velar por decisiones, sus notas no generan cualidades que llamen la atención del resto de sus compañeros, por lo se ven enfrentado a dos problemas grandes: luchan por destacarse, compitiendo de manera individual como colectiva por superar la barrera de los pre-juicios, se aíslan con tal que nadie intervenga en su esfuerzo, y sus maneras de evidenciar un cambio en esto se reduce sólo a formas individualizadas, donde el pensar por uno mismo es primordial. Por otro lado, el problema que surge también con esto son estudiantes que evidencian repetidos estados de ánimo tristes, desmotivados, entran a un círculo vicioso donde realmente ya nada tiene importancia, porque no hubo una consideración por motivar a que sean grandes estudiantes, no le toman peso ni importancia a la carga académica y buscan maneras de despejar esto, como por ejemplo, en videojuegos.
 
Por último, es primordial pensar si realmente es bueno realizar este tipo de prácticas a la hora de entregar las notas, porque nos hará dividir al curso y que interactúen entre ellos según sus capacidades, la lucha por querer ser el mejor se hace más fuerte y aún más terrible es que empieza a afectar a nuestra vida: nos desenvolvemos en algún trabajo de formas parecidas, y cuesta dejar de cuestionar las características en torno a las notas de un estudiante, esto y muchos, pero muchos factores más que no escribí por extensión son parte de los efectos de entregar las notas en orden. Si lo realizamos de forma aleatoria, lo más probable es que los estudiantes no observen tan drásticamente ni tan rápido un análisis de los estudiantes, y también permitimos que se desenvuelvan más fácil en el aula para una mejor convivencia y no preocuparnos por quién pasó de curso o no para molestarlo, para ayudar a un compañero que lo necesita en ciertas asignaturas y de hacer un trabajo más colectivo y no tan dependiente de uno y del profesor. Seamos cuidadosos con nuestras acciones.
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Ricardo

Ricardo Morales ver perfil

Profesor en Tusclasesparticulares

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