Mucho se ha escrito acerca del Aprendizaje y la Enseñanza de la Matemática pero hay algo que es indudable y no se debe dejar de mencionar. Aprender Matemática es similar a adquirir buenas piernas al correr porque ninguna de las dos se adquiere sólo viendo. El aprendizaje de la matemática significa adquirir habilidades que no se logran de manera inmediata, que requieren entrenamiento pues así como nuestros músculos requieren tiempo de práctica también nuestro cerebro. No hay que negar que la memorización es necesaria pero no es menos cierto que ésta se logra mucho mejor mediante la práctica.
Por ello, al menos una parte de las horas autonomas deben emplearse en el aula de clase donde el alumno cuenta con el apoyo académico del docente. Algunas veces se impide al alumno el uso de tablas o formularios para la realización de sus prácticas pero no es difícil darse cuenta que la memorización no es lo relevante, lo es la capacidad de aprender a pensar, aprender a razonar y como era de esperarse sólo se aprende a razonar razonando, es decir, enfrentando situaciones que nos obliguen a analizar, deducir, refutar, mostrarnos incrédulos ante la información que llega a nuestros sentidos. Siempre he creido que aprender a razonar no debe hacerle daño a nadie y si se intentará desde nuestra infancia, a través de estrategias cuidadosamente diseñadas, seguramente sería notable la diferencia en nuestra manera de afrontar una situación problematizada que no tiene porque estar relacionada con la matemática sino con nuestro quehacer diario.