Las emociones del alumno y del docente entran cada día en la escuela, se mezclan entre sí y con las de los demás y generan innumerables matices y estados de ánimos diversos. En un aula con 30 alumnos y un docente, hay 31 estados emocionales diferentes.
Reconocer nuestros estados emocionales y trabajar desde ellos, es la base para la apertura hacia la comprensión y el aprendizaje.
Acompañar el desarrollo de habilidades para el aprendizaje significativo implica, necesariamente, establecer un vínculo de confianza para que éste pueda reconocer sus afectos frente al aprendizaje. Las resistencias con ciertas materias, más de las veces responden a miedos al fracaso y a verse expuesto a los demás como una persona incapaz.
El apoyo académico es una alternativa que facilita el conocimiento de las fortalezas y obstáculos del estudiante con relación a diferentes contenidos. Es una oportunidad para evitar la escolarización que experimentan los padres y madres frente al miedo del fracaso escolar de los hijos e hijas y con ello deteriorando la relación filial.
El docente preparado es quien se ha trabajado a sí mismo reconociendo sus propias emociones y así, no la proyecta en la relación con sus propios estudiantes. Tiene los recursos para guiar el conocimiento y la aceptación de los estados emocionales que experimentan sus estudiantes y les entregan herra mientas para que no se vuelvan obstáculos en su propio aprendizaje.